Por qué mi primera casa no será la casa de mis sueños

Mi plan no es comprar la casa perfecta a la primera, sino usar una vivienda barata como trampolín para acabar en la que sí quiero.

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Cuando compre mi primera casa, no va a ser la casa en la que quiero pasar el resto de mi vida. Y lo tengo asumido desde antes incluso de empezar a buscar.

La idea detrás del plan

Mi plan es vivir durante unos años en una casa barata que me permita independizarme, con una inversión inicial menor porque, seamos realistas, la primera vez no vas a contar con la cantidad más grande de dinero que vayas a tener nunca. Es la entrada más pequeña que voy a poder reunir en mi vida, así que tiene sentido que sea también la casa más asequible que voy a comprar.

A partir de ahí, durante los años siguientes vas pagando la hipoteca. Y cuando la terminas de pagar — o incluso mucho antes, si decides vender por el camino — tienes de patrimonio el valor completo de la casa, que además normalmente ha subido, porque las casas no solo no suelen devaluarse, sino que tienden a revalorizarse con el tiempo.

El efecto de mejorar la casa mientras vives en ella

Si encima entras a vivir en una casa que necesita algo de mejora — algo estéticamente peor o con reformas pendientes —, y durante esos años vas invirtiendo en arreglarla, cuando llegue el momento de venderla puedes sacarle un precio más alto todavía. No es solo la revalorización del mercado: es la revalorización del mercado más lo que tú mismo le has metido a la casa.

Un ejemplo con números para verlo claro: si compro una casa de 150.000 € con una entrada del 20% (30.000 €) y una hipoteca a 25 años, cada cuota que pago reduce la deuda y aumenta mi parte del valor de la casa. Si en 8 o 10 años decido vender, no solo he amortizado una parte importante de la hipoteca, sino que es probable que la casa valga más de esos 150.000 € iniciales. Entre lo amortizado y la revalorización, el capital disponible para la siguiente entrada sería mucho mayor que los 30.000 € que puse al principio.

Por qué esto te deja mejor posicionado para la segunda casa

Cuando llega el momento de vender, tienes una ventaja que no tenías la primera vez: un capital mucho más grande que el que tenías al comprar. La entrada de tu segunda casa ya no depende solo de lo que hayas podido ahorrar mes a mes, sino de todo lo que se ha acumulado en la primera — la parte de hipoteca ya pagada, más la revalorización, más las mejoras que le hayas hecho. Eso te da acceso a una casa mejor de la que podrías haberte permitido comprando directamente a la primera.

Por qué no espero a la casa perfecta

Sé que hay gente que prefiere esperar a tener el dinero suficiente para comprar directamente la casa que realmente quiere, sin pasos intermedios. Lo entiendo, pero para mí eso significa esperar años de más solo ahorrando, sin que ese dinero esté generando ningún tipo de patrimonio inmobiliario mientras tanto. Prefiero entrar antes, aunque sea a una casa que no es la ideal, y dejar que el tiempo, la hipoteca y la revalorización trabajen a mi favor desde ya.

Lo que tengo claro

No busco la casa perfecta a la primera. Busco la casa que me permita salir de casa de mis padres con una entrada razonable, empezar a construir patrimonio real en vez de pagar un alquiler, y dejar la puerta abierta a que, dentro de unos años, esa primera casa se convierta en la entrada de la casa que sí quiero de verdad.